
Supongo que estaremos casi todos al tanto del debate "tontiprogre" generado en torno al Proyecto Gran Simio. Una cuestión que, en lo fundamental, no evidencia sino el desasosiego ecológico de nuestro tiempo y la culpabilidad antropocéntrica sobre la crisis ecológica que es ya hoy global. O sea: que pedimos derechos para los monos porque nos empieza a resultar tan insostenible la vida en el nicho ecológico maltratado que es nuestro planeta como insostenible la responsabilidad sobre el proceso de degradación de nuestro medio. Egoistas como siempre, claro: ¿acaso nos importan tanto los simios -"nuestros compañeros genéticos" (sic), como leí el otro día en un diario-? Me extraña mucho semejante subidón de ecología, naturismo y yo que sé qué. Lo que nos pasa es que somos incapaces de promover medidas políticas que, al amparo de criterios éticos solventes y sólidos, nos permitan reformular nuestras relaciones con el medio ambiente. E insisto: no porque el medio ambiente sea la madre Naturaleza, bla, bla, bla...sino porque sin un medio del que depender, no somos más que un saco de huesos. Si a alguien le sorprende lo dicho que levante la mano, por favor: ello indicaría que todavía no se ha erradicado del planeta el optimismo antropológico más puro.
Vayamos por partes...
¿Derechos humanos para los animales?¿A santo de qué? El mismo hecho de ser humanos impide, de partida, que los podamos extender a otros seres vivos que no sean animales. OK, ya me sé el contraargumento: "no, nadie ha dicho que se les vayan a otorgar derechos humanos, sino una serie mínima de derechos, consensuados y adecuados a su proximidad genética". Vale, así sí. Por lo menos, podemos pasar a otra crítica distinta.
¿Derechos?¿Y qué derechos?¿Y qué deberes, en contraprestación?
Un último apunte: cualquier esbozo de fundamentación ética nos indicaría que la concesion de derechos se sustenta en dos pilares: la posibilidad de elección, esto es, la dotación de unas facultades tales que permitan renunciar precisamente a esos derechos adquiridos. Y, segundo asunto: estamos ya muy lejos de los discursos que remiten a no sé sabe dónde nuestra existencia en la tierra y nuestra ordenación "civilizada". De modo que no podríamos decir que "tenemos que dar derechos a los simios" o simplemente que "nosotros tenemos que tener derechos". Nada de eso: los derechos humanos los tenemos porque queremos, porque nos los hemos otorgado, forzados por nuestras propias atrocidades, clamando límites para poder seguir jugando a la vida. De modo que, extremando, un ser humano no lo es sino se reconoce a sí mismo como tal y es a su vez reconcido por otros en su condición. Así que está en el reconocerse como sujeto receptor de derechos y deberes la razón fundamental para poderlos tomar como propios.
Resumiendo: que el principio de reconcimiento sustenta junto al de la capacidad/posibilidad de elección la extensión de cualqueir tipo de derechos.
Dicho lo cual, yo me pregunto: ¿Puede elegir un animal?¿Y puede reconocerse como sujeto de derechos y deberes? El problema mayor estriba en que hay humanos -niños, discapacitados, autistas, personas en coma, ciertos enfermos, etc- que tampoco pueden reconocerse como sujetos de derechos y deberes. Y asimismo, hay sujetos que podrían y no quieren. Y más: sujetos que podrían teóricamente y no pueden realmente hacerlo.
Seguiremos con el tema....
Fer — 19-05-2006 22:58:42
Daniel — 30-05-2006 01:44:31